¡Hola! Nuevamente aquí y con la firme intención de mantener un ritmo de producción un poco más ágil que el que tuve hasta ahora. Actualmente estoy organizando el material que traje de un increíble viaje que hice por Oriente al que dedicaré las próximas entradas. Pero, antes de meterme en esa jungla de impresiones, sentimientos, pensamientos que hicieron estallar mi cabeza y mi alma, unas reflexiones inspiradas por el problema del carozo y la palta. Y antes, aun, una advertencia en relación con el título de esta entrada, la que hace honor al bolero titulado La barca, que dice:
Dicen que la distancia es el olvido (lalala)
pero yo no concibo esa razón... (lalala) (Recomiendo escucharlo mientras lean).
Volviendo a una de las inquietudes que despiertan las misteriosas relaciones entre el carozo y la palta. En principio, separación implica distancia. Pero también diferencia, como bien lo prueban la piel y el aire que la rodea, en íntima convivencia. Dejaremos de lado, por ahora, este tema de la diferencia (bienvenidos los comentarios que arrimen los tres lectores que tengo) y volvamos al de la distancia que en este caso es espacial. (Podría ser temporal, ¿no?)
¿Cuánto mide la costa de Gran Bretaña? es el título de un artículo del matemático inglés Mandelbrot, quien afirma que la distancia entre un punto y otro de una costa depende de la unidad de medida que se utilice para, precisamente, medirla. Imagino lo que están pensando, pero ¡¡No!! No se trata simplemente del cristal con que se mira, de un problema de perspectivas o puntos de vista, esos argumentos a los que tan fácilmente echamos mano cada vez que queremos ignorar una situación cuyo entendimiento nos complica. No.
Veamos a qué conduce la "trivial" pregunta de Mandelbrot. Imaginemos que, para llegar a conocer cuánto mide la costa de Gran Bretaña emprendemos su recorrido saliendo de un punto cualquiera de la costa hasta volver a ese mismo punto. Supongamos que, mientras hacemos la caminata tomando fotos, descubriendo paisajes, conociendo gente, el dibujo de la costa permanece siempre el mismo, indiferente a la acción de las mareas, los vientos, los movimientos propios del terreno.
Necesitaremos un sistema de medida. Supongamos que el que tenemos tiene por unidad el segmento recorrido por un elefante con cada paso que da. Con ese instrumento el resultado, digamos, será 5000 elefs. Imbuidos de espíritu científico, sometidos a la exigencia de rigurosidad, seguramente le habremos pedido a otra persona que haga lo mismo pero usando otro sistema cuya unidad sea el segmento recorrido por un perro. Si un paso de elefante equivale a 25 pasos de perro, deberíamos obtener como resultado el valor 125.000 prrs. Y si, por último, recurrimos a un sistema cuya unidad sea el segmento recorrido por una hormiga, el resultado, si un paso de perro corresponde a 1000 pasos de hormiga, debería ser 125.000.000 horms. Como cuando reducimos metros a centímetros, centímetros a milímetros y así...Pero, ¿saben qué? los resultados obtenidos en la realidad no son los que recién leyeron. No, en cada uno de los casos la distancia real, concreta, material, es otra.
Aunque el punto de partida y el de llegada sean los mismos, el elefante acorta la distancia entre ambos porque ignora una cantidad de irregularidades (elevaciones, hundimientos) del suelo que el perro no puede ignorar, mucho menos la hormiga. Lejos de tratarse de un punto de vista, el muy material dolor de piernas tras los esfuerzos realizados por cada uno de estos animalitos habla de estas diferencias reales sobre las que se sostienen nuestras vidas y que ingenuamente ignoramos. Aunque esa ignorancia no sea sin consecuencias.
P.D. Que nadie crea que sé algo acerca de fractales pero estas extrañas figuras me hicieron pensar esto que acabo de exponer, desvergonzadamente, ante ustedes.
martes 21 de abril de 2009
jueves 4 de diciembre de 2008
El carozo de la palta y el esfuerzo por poner el límite
Hace algunos años aprendí que para que la palta no se ponga negra esperando ser deglutida hay que poner el carozo en un vaso con agua. Cuando me lo dijeron reaccioné como todo el mundo hace cuando yo misma lo comento: ¡No puede ser! ¡Esas son estupideces! ¿Cómo sabe la palta que el carozo está en agua y no en la basura? Pero como a mi cuñada la palta no se le ponía negra decidí hacer yo misma el experimento y funcionó.
Liquidar un comentario con un "no puede ser" en los casos en que no disponemos de evidencia es un ejemplo, harto frecuente, de frivolidad. Bien nos vendría un poco de asombro y curiosidad. Pero, hete aquí que esa tonta respuesta también la damos cuando las cosas están ocurriendo antes nuestros ojos y con el "no puede ser" en mano, damos vuelta la cabeza y miramos para otro lado. Esto ya no es frivolidad sino lisa, llana y aburrida estupidez.
Hubo una feliz ocasión en la que conté la historia de la palta a una amiga nada estúpida quien, ante la pregunta ¿cómo sabe la palta si está separada del carozo? (esto ocurría en una reunión de mujeres profesionales con mucha suela gastada) mi amiga espetó los siguientes interrogantes: ¿qué es estar separado? ¿a qué distancia empieza estar separado? ¿acaso dos cosas que están en íntima contigüidad no están separadas? ¿la piel y el aire, por ejemplo?
Ahora bien, si no sabemos qué es estar separados, tampoco sabemos qué es un límite. Y si no sabemos qué es un límite ¿para qué tomarse el trabajo de querer establecerlo?
Separación, distancia, límite son abstracciones que sin duda son útiles para pensar... en abstracto (y dentro de cierto paradigma, he de agregar), porque en ese caso no hay realidad que desmienta el contenido que les demos. Sirven para imaginar escenarios posibles. Pero, querer poner el límite para protegerme, por ejemplo, de lo que está fuera de mí (separado), si no es en cada situación, momento a momento, cuando la realidad vivida me va marcando que el límite es permeable, que su densidad cambia constantemente, que no hay afuera separado del adentro, no es más que una vana expresión de deseos que, con casi toda seguridad, nos va a dejar como acelerando en el barro. ¿No conviene ahorrar nuestras energía para hacer lo que sí podemos? A asombrarse y también, a relajarse que, aunque el mundo se acabe, la vida siempre recién empieza.
Liquidar un comentario con un "no puede ser" en los casos en que no disponemos de evidencia es un ejemplo, harto frecuente, de frivolidad. Bien nos vendría un poco de asombro y curiosidad. Pero, hete aquí que esa tonta respuesta también la damos cuando las cosas están ocurriendo antes nuestros ojos y con el "no puede ser" en mano, damos vuelta la cabeza y miramos para otro lado. Esto ya no es frivolidad sino lisa, llana y aburrida estupidez.
Hubo una feliz ocasión en la que conté la historia de la palta a una amiga nada estúpida quien, ante la pregunta ¿cómo sabe la palta si está separada del carozo? (esto ocurría en una reunión de mujeres profesionales con mucha suela gastada) mi amiga espetó los siguientes interrogantes: ¿qué es estar separado? ¿a qué distancia empieza estar separado? ¿acaso dos cosas que están en íntima contigüidad no están separadas? ¿la piel y el aire, por ejemplo?
Ahora bien, si no sabemos qué es estar separados, tampoco sabemos qué es un límite. Y si no sabemos qué es un límite ¿para qué tomarse el trabajo de querer establecerlo?
Separación, distancia, límite son abstracciones que sin duda son útiles para pensar... en abstracto (y dentro de cierto paradigma, he de agregar), porque en ese caso no hay realidad que desmienta el contenido que les demos. Sirven para imaginar escenarios posibles. Pero, querer poner el límite para protegerme, por ejemplo, de lo que está fuera de mí (separado), si no es en cada situación, momento a momento, cuando la realidad vivida me va marcando que el límite es permeable, que su densidad cambia constantemente, que no hay afuera separado del adentro, no es más que una vana expresión de deseos que, con casi toda seguridad, nos va a dejar como acelerando en el barro. ¿No conviene ahorrar nuestras energía para hacer lo que sí podemos? A asombrarse y también, a relajarse que, aunque el mundo se acabe, la vida siempre recién empieza.
martes 2 de diciembre de 2008
A propósito de la voluntad (cont.)
cálculo, y la guadaña parece manejarse sola mientras Levin saborea el abandono en el movimiento que convierte el placer de hacer algo maravillosamente ajeno a los esfuerzos de la voluntad.
Así ocurre con muchos de los momentos felices de nuestra existencia. Liberados de la carga de la decisión y de la intención, avanzando en nuestros mares interiores, asistimos, como a las acciones de otro, a nuestros distintos movimientos admirando sin embargo su involuntaria excelencia. ¿Qué otra razón podría yo tener para escribir este irrisorio diario de una portera que se va haciendo vieja, si la escritura no participara de la misma naturaleza que el arte de la siega? Cuando las líneas se convierten en demiurgos de sí mismas, cuando asisto, como una maravillosa inconsciencia, al nacimiento sobre el papel de frases que escapan a mi voluntad e, inscribiéndose ajenas a ella en el papel, me enseñan lo que no sabía ni creía querer, gozo de este alumbramiento sin dolor, de esta evidencia no concertada, de seguir sin esfuerzo ni certeza, con la felicidad del asombro sincero, una pluma que me guía y me arrastra.
Entonces, accedo, en plena evidencia y textura de mí misma, a un olvido de mi propio ser rayano en el éxtasis, saboreo la feliz quietud de una conciencia espectadora.
Así ocurre con muchos de los momentos felices de nuestra existencia. Liberados de la carga de la decisión y de la intención, avanzando en nuestros mares interiores, asistimos, como a las acciones de otro, a nuestros distintos movimientos admirando sin embargo su involuntaria excelencia. ¿Qué otra razón podría yo tener para escribir este irrisorio diario de una portera que se va haciendo vieja, si la escritura no participara de la misma naturaleza que el arte de la siega? Cuando las líneas se convierten en demiurgos de sí mismas, cuando asisto, como una maravillosa inconsciencia, al nacimiento sobre el papel de frases que escapan a mi voluntad e, inscribiéndose ajenas a ella en el papel, me enseñan lo que no sabía ni creía querer, gozo de este alumbramiento sin dolor, de esta evidencia no concertada, de seguir sin esfuerzo ni certeza, con la felicidad del asombro sincero, una pluma que me guía y me arrastra.
Entonces, accedo, en plena evidencia y textura de mí misma, a un olvido de mi propio ser rayano en el éxtasis, saboreo la feliz quietud de una conciencia espectadora.
A propósito de la voluntad
El siguiente es un extracto de la novela "La elegancia del erizo" de la joven escritora francesa Muriel Barbery. Disfruten.
Ah, el campo ruso... Tiene ese encanto tan especial de los parajes salvajes y no obstante ligados al hombre por la solidaridad de esta tierra de la que todos estamos hechos... La escena más hermosa de Anna Karenina transcurre en Prokovskaya. Levin, sombrío y melancólico, trata de olvidar a Kitty. Estamos en primavera y se va a los campos a segar con sus campesinos. La tarea se le antoja al principio demasiado dura. Cuando está a punto de desfallecer, el viejo campesino que dirige la hilera de segadores ordena descansar. Luego reanudan su tarea. De nuevo, Levin se siente extenuado pero, una vez más, el viejo levanta la guadaña. Descanso. [...] El calor es cada vez más intenso, Levin tiene los brazos y los hombros empapados en sudor pero, a fuerza de descansar y reanudar la tarea, sus gestos antes torpes y dolorosos se vuelven cada vez más fluidos. Siente de pronto un agradable frescor en la espalda. Poco a poco, libera sus movimientos del obstáculo de la voluntad, entra en el leve trance que confiere a los gestos la perfección de los actos mecánicos y conscientes, sin reflexión ni ...
Ah, el campo ruso... Tiene ese encanto tan especial de los parajes salvajes y no obstante ligados al hombre por la solidaridad de esta tierra de la que todos estamos hechos... La escena más hermosa de Anna Karenina transcurre en Prokovskaya. Levin, sombrío y melancólico, trata de olvidar a Kitty. Estamos en primavera y se va a los campos a segar con sus campesinos. La tarea se le antoja al principio demasiado dura. Cuando está a punto de desfallecer, el viejo campesino que dirige la hilera de segadores ordena descansar. Luego reanudan su tarea. De nuevo, Levin se siente extenuado pero, una vez más, el viejo levanta la guadaña. Descanso. [...] El calor es cada vez más intenso, Levin tiene los brazos y los hombros empapados en sudor pero, a fuerza de descansar y reanudar la tarea, sus gestos antes torpes y dolorosos se vuelven cada vez más fluidos. Siente de pronto un agradable frescor en la espalda. Poco a poco, libera sus movimientos del obstáculo de la voluntad, entra en el leve trance que confiere a los gestos la perfección de los actos mecánicos y conscientes, sin reflexión ni ...
martes 18 de noviembre de 2008
A propósito de una frase hecha que circula mucho en estos días.
Allí, cuando comenzaban a formarse las lenguas y las palabras tenían un vínculo inmediato con la experiencia del cuerpo, los griegos dispusieron de la palabra krinein para nombrar el utensilio que usaban para separar una cosa de otra, o sea, el colador. A medida que la capacidad simbólica de este pueblo creció, krinein, de donde se deriva nuestro vocablo crisis, enriqueció su significado haciéndose más abstracto y pasó a usarse cuando necesitaban referirse a una situación en la que debían decidir, para lo cual era preciso contar con un criterio o colador. En fin, una crisis consiste en la separación, el rompimiento de algo que, por esa causa, pone ante nosotros situaciones desconocidas que exigen nuestro análisis. En verdad, la vida es crisis y permanente e inexorablemente nos exige decisiones de mayor o menor envergadura. Por eso, estar vivos nos hace fatalmente responsables.
¿Qué hay respecto a la palabra oportunidad que nos fuera legada por el latín? Algo similar ocurrió con esta palabra que, de designar el momento anterior (op) a la llegada a puerto (portus) de una embarcación, momento en el que arrecian las dificultades y hay que analizar la situación siempre cambiante para poder tomar las decisiones correctas, pasó, en el latín vulgar, a ser aplicada a toda circunstancia en la que hay un deseo cierto de llegar a alguna situación determinada y la potencia para lograrlo. En su origen, pues, oportunidad implicó a la responsabilidad aquí y ahora frente a una situación precisa. Más tarde, con el ingreso de la idea de un paraíso futuro y, con ella, de la “esperanza” en la lista de los valores positivos de occidente (recordemos: los griegos la habían incluido dentro de la caja de Pandora junto a todos los males), quedó enfatizado el elemento externo de la oportunidad y sumó otro contenido: situación externa propicia que puede o no presentársenos en algún momento que desconocemos de antemano.
En fin, la vida es crisis y seguir viviendo significa necesariamente superarla. La continuidad de la vida, es por tanto, fatalmente oportunidad para, a veces llegar a puerto, otras echar el ancla más o menos cerca como para llegar nadando, otras acostumbrarse a vivir mecido por las aguas, de la caza y de la pesca. Lo importante en todo esto es no confundirse y convertir el inextricable tejido de crisis, oportunidad y responsabilidad con “A río revuelto, ganancia de pescadores”.
Allí, cuando comenzaban a formarse las lenguas y las palabras tenían un vínculo inmediato con la experiencia del cuerpo, los griegos dispusieron de la palabra krinein para nombrar el utensilio que usaban para separar una cosa de otra, o sea, el colador. A medida que la capacidad simbólica de este pueblo creció, krinein, de donde se deriva nuestro vocablo crisis, enriqueció su significado haciéndose más abstracto y pasó a usarse cuando necesitaban referirse a una situación en la que debían decidir, para lo cual era preciso contar con un criterio o colador. En fin, una crisis consiste en la separación, el rompimiento de algo que, por esa causa, pone ante nosotros situaciones desconocidas que exigen nuestro análisis. En verdad, la vida es crisis y permanente e inexorablemente nos exige decisiones de mayor o menor envergadura. Por eso, estar vivos nos hace fatalmente responsables.
¿Qué hay respecto a la palabra oportunidad que nos fuera legada por el latín? Algo similar ocurrió con esta palabra que, de designar el momento anterior (op) a la llegada a puerto (portus) de una embarcación, momento en el que arrecian las dificultades y hay que analizar la situación siempre cambiante para poder tomar las decisiones correctas, pasó, en el latín vulgar, a ser aplicada a toda circunstancia en la que hay un deseo cierto de llegar a alguna situación determinada y la potencia para lograrlo. En su origen, pues, oportunidad implicó a la responsabilidad aquí y ahora frente a una situación precisa. Más tarde, con el ingreso de la idea de un paraíso futuro y, con ella, de la “esperanza” en la lista de los valores positivos de occidente (recordemos: los griegos la habían incluido dentro de la caja de Pandora junto a todos los males), quedó enfatizado el elemento externo de la oportunidad y sumó otro contenido: situación externa propicia que puede o no presentársenos en algún momento que desconocemos de antemano.
En fin, la vida es crisis y seguir viviendo significa necesariamente superarla. La continuidad de la vida, es por tanto, fatalmente oportunidad para, a veces llegar a puerto, otras echar el ancla más o menos cerca como para llegar nadando, otras acostumbrarse a vivir mecido por las aguas, de la caza y de la pesca. Lo importante en todo esto es no confundirse y convertir el inextricable tejido de crisis, oportunidad y responsabilidad con “A río revuelto, ganancia de pescadores”.
lunes 6 de octubre de 2008
Qué es Abralapalabra
El trabajo que propongo es, en verdad, una aventura fascinante. Consiste en partir de alguna palabra, elegida entre las que usamos habitualmente, para recuperar a través de su etimología, su historia y los diversos usos que tuvo y tiene, todo su espesor significante. La idea no es hacer un análisis erudito ni académico (aunque subyace al trabajo de coordinación que yo realizo una minuciosa investigación) sino recuperar sentidos obvios pero aplastados, presentes en nuestras experiencias cotidianas tan a menudo "ninguneadas"
.
¿Qué logramos? multiplicar las posibilidades que nos ofrecen las palabras para reconocer y habitar nuestras experiencias de todos los días, enriquecer nuestra interpretación de las mismas y, en general, del mundo que nos rodea, alimentar la imaginación y la creatividad.
Los grupos son heterogéneos en edad, sexo y formación. El único requisito para participar es ser curioso, tener ganas de pensar y de que pensar sea una alegría.
Abralapalabra te propone internarte en la etimología, la historia y el uso actual y cotidiano de algunas palabras que nos son caras, como esperanza, afecto, éxito. Devolverles así toda la capacidad que tienen, y que su uso desgasta, para nombrar, comprender y expresar nuestras vivencias y experiencias cotidianas.
En ese recorrido, no desprovisto de asombro, emoción, alegría, y con el bagaje de significados recobrados, vermos que pensar nuestra vida diaria es una aventura que produce placer, alivia las penas y alimenta las ganas de vivir.
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¿Qué logramos? multiplicar las posibilidades que nos ofrecen las palabras para reconocer y habitar nuestras experiencias de todos los días, enriquecer nuestra interpretación de las mismas y, en general, del mundo que nos rodea, alimentar la imaginación y la creatividad.
Los grupos son heterogéneos en edad, sexo y formación. El único requisito para participar es ser curioso, tener ganas de pensar y de que pensar sea una alegría.
Abralapalabra te propone internarte en la etimología, la historia y el uso actual y cotidiano de algunas palabras que nos son caras, como esperanza, afecto, éxito. Devolverles así toda la capacidad que tienen, y que su uso desgasta, para nombrar, comprender y expresar nuestras vivencias y experiencias cotidianas.
En ese recorrido, no desprovisto de asombro, emoción, alegría, y con el bagaje de significados recobrados, vermos que pensar nuestra vida diaria es una aventura que produce placer, alivia las penas y alimenta las ganas de vivir.
miércoles 17 de septiembre de 2008
La crueldad y el deseo de saber
Yo creo en la extrañeza que inunda lo cotidiano, dice Lucrecia Martell. Y sigue: El gran esfuerzo de la educación debiera ser justamente "siniestrar" la percepción. (...) Lo siniestro es eso, cuando de golpe mirás algo y reconocés que deliberadamente no estabas viendo todo. Ahí uno descubre algo. En la crueldad de los chicos con los animales hay algo de eso. Hay algo en el dolor, en el sufrimiento del animal, en el horror de esa estreuctura organizada desarmándose, desarticulándose, perdiendo vida. Cuando los chicos hacen esas cosas, lo que hay es desesperación por la vida. En la crueldad no hay otra cosa que el intento desesperado de ver la vida.
Cruel nos llega de la palabra latina crudus que quiere decir sangrante, crudo, no cocido; reciente. Se usa para hablar de los frutos cuando aún no están maduros. También alude a lo que no ha sido digerido, ni trabajado, a lo que permanece en bruto. Por extensión, por esos avatares de la conciencia en búsqueda del ideal de la "bondad" más que de la "verdad", llegó a significar lo que hoy entendemos por crueldad, o sea, una insensibilidad o falta de compasión ante el dolor de otro tan intensa que nos hace capaces de infligirle daño, dolor, incluso la muerte.
Yace en su fondo, sin embargo, esa sed de saber, de entender lo que nos conmueve e inquieta hasta el punto de superar el horror y aventurarnos a actuar en forma extrema. El lenguaje coloquial conserva esta tensión de los sentidos: "se mata estudiando", "te vuelve loca con sus preguntas" y así, más y más.
¿No hay, hoy en día, una cierta reivindicación de la crueldad como camino para desidealizar, llamar a las cosas por su nombre, ya que las verdades, más que causar daño, serían sanadoras? Pienso en el Dr. House, por ejemplo.
Cruel nos llega de la palabra latina crudus que quiere decir sangrante, crudo, no cocido; reciente. Se usa para hablar de los frutos cuando aún no están maduros. También alude a lo que no ha sido digerido, ni trabajado, a lo que permanece en bruto. Por extensión, por esos avatares de la conciencia en búsqueda del ideal de la "bondad" más que de la "verdad", llegó a significar lo que hoy entendemos por crueldad, o sea, una insensibilidad o falta de compasión ante el dolor de otro tan intensa que nos hace capaces de infligirle daño, dolor, incluso la muerte.
Yace en su fondo, sin embargo, esa sed de saber, de entender lo que nos conmueve e inquieta hasta el punto de superar el horror y aventurarnos a actuar en forma extrema. El lenguaje coloquial conserva esta tensión de los sentidos: "se mata estudiando", "te vuelve loca con sus preguntas" y así, más y más.
¿No hay, hoy en día, una cierta reivindicación de la crueldad como camino para desidealizar, llamar a las cosas por su nombre, ya que las verdades, más que causar daño, serían sanadoras? Pienso en el Dr. House, por ejemplo.
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